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de La calavera de Atahualpa |
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... Ya había arrancado el tren, y Sindulfo pugnaba aún por acomodar
sus bártulos en la red. La gran sombrerera amenazaba constantemente con caer sobre los viajeros; la maleta
se iba saliendo poquito a poco por el traqueteo del convoy. El espadín acusaba su punta bélica en
dirección a un señor flaco, verdoso, con grises barbas hirsutas que contemplaba a Sindulfo con mal
disimulado aborrecimiento. Cuando todo estuvo en su sitio se dejó caer en el diván; pero como el coche estaba mal alumbrado, fue a posarse en las rodillas del viajero verdoso, que gruñó sordamente: -¡Mire usted dónde pone las patas de atrás!... |
Fuente: www.interplanetaria.com - eldoctorhache.wordpress.com (la imágen es de la revista La novela corta donde este autor publicó el relato El destino payaso)