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Estilicón |
I
¡DESGRACIADO! Se me figura verle aún en la tribuna
de la prensa; triste, escuálido, con unas sucias cuartillas entre
las manos y con un lápiz detrás de la oreja, y en pie, como losdecretos de Orovio. Su mirada siempre
fija, a causa de una extremada debilidad nerviosa, la voluntad de aquel pobre man-cebo ejercía escaso imperio
sobre los órganos y aparatos de su cuerpo.
Muchas veces le vi mover la cabeza para contemplar cualquierobjeto, pero sus ojos continuaban fijos en la dirección
anterior; para conseguir su intento necesitaba el misérrimo joven cambiar por completo el campo de la visión,
dando una vuelta entera, como un recluta. Para él se había dicho aquello de: mejorque sentado echado,
y mejor que echado muerto.
II
Estilicón tenía un gabán.
Al decir que tenía un gabán doy a entender que no tenía másque uno. Él lo llamaba
el gabán de los equinoccios, porque le servía para la primavera y para el otoño. En realidad,
había sido un saco de medio tiempo, pero de esto hacía muchos años y a la sazón merecía
mejor el nombre de saco perdurable. Cuando Estilicón tomaba por su cuenta un encargo y decía: "No
lo echaré en saco roto", provocaba sonrisas de lástima. ¿Qué prendas usaba Estilicón
durante los solsticios?
Aunque es de suponer que no anduviera en mangas de camisa, yo no puedo, como veraz cronista, contestar a esa pregunta.
Tal vez para el invierno tendría alguna larva. En el estío un traje de baño de los más
paradisíacos debía bastarle a Estilicón. Creía como Rousseau en el estado salvaje y
era, sobre todo,enemigo de las hipocresías sociales.
III
Estilicón tenía algo más que un gabán.
Tenía una pipa de espuma de mar.
Esto de la espuma de mar era cosa de fe.
Un librepensador medianamente entendido en materia de pipas, no vería en la de Estilicón más
que una pasta vulgar y grosera. Pero la fe obra milagros; y el hombre sólo es feliz mientras conserva la
fe. Aquella pipa era un regalo de la única novia que tuvo Estilicón.
Ella le había dicho "Es de espuma de mar".
Estilicón creía en aquella mujer y creyó lo de la espuma. Más adelante su novia le
dejó por otro periodista. Estilicón olvidó a la ingrata: cayó el ídolo, pero
quedó el dogma. Y razonaba así Estilicón: sí, me ha engañado; pero no es menos
cierto que me quiso algún día; me lo prueba esta pipa que es de espuma de mar. ¡Pobre Estilicón!
Todas las religiones se parecen.
IV
Quiere decirse que mi héroe nadaba en la miseria, que no
es lo mismo que nadar en la abundancia, sino todo lo contrario.El baño de la abundancia debe ser de agua
clara, porque los que en él se meten andan muy limpios y a lo más tienen las manospuercas.
Estilicón era una letrina de los pies a la cabeza, sólo tenía limpia la conciencia. Precisamente
lo que menos se ve.
Antes de ser periodista había sido Estilicón poeta; antes de esto, había sido un adolescente
soñador y melancólico, y antes un niño sonrosado, de rubia cabellera y muy querido de sus
papás. Su padre era frenólogo, y como viese que el niño tenía tales y cuales protuberancias
le levantó un horóscopo que fue como levantarle de cascos, y sólo sirvió para hacerle
creerse un genio de los más aprovechados.
Estilicón había nacido para general y su papá comenzó a prepararle para cadete de infantería.
Estilicón nunca pasó de hacer el cadete. Fuéronle prohibidas las humanidades, y a los quince
años el infeliz no sabía más que lo necesario para llevar calabazas en el colegio de infantería.
Era, pues, un perfecto ignorante. Sin embargo, aunque muy mal, Estilicón sabía escribir y aprovechó
esta coyuntura para sentirse poeta. La ociosidad es madre de todos los vicios, pero el vicio de hacer versos es
su hijo predilecto. Estilicón se declaró en cantón literario y no obedecía ni los preceptos
de Aristóteles ni los sanos consejos de la ortografía.
Cuando Estilicón fue a Toledo llevaba en su maleta, como Chateaubriand la Atala, una porción de poemas
grandes y pequeños.
Demostrándole aquellos sabios de infantería, como tres y dos son cinco, que no conocía ni
de vista la algoritmia más elemental; pero no por eso Estilicón perdió ánimos, y así
escribió a su papá enseguida: "Según yo me temía, los profesores del colegio no
me han comprendido. Yo soy poeta, y he ahí todo".
El papá asió en estas últimas palabras un rasgo de genio en vezde un galicismo, y no quiso
irle a la mano a su hijo en lo de ser poeta. En adelante fue poeta Estilicón con el permiso de su papá.
Sabido es que en España no hay más literatos que los de Madrid; todo lo que se escribe en provincias
es cursi y nadie lo lee. Estilicón pasó a la categoría de ingenio de esta corte.
Pocos meses después publicaba un tomo de Impresionescon un prólogo de un poeta famoso. El poeta famoso
era más chusco que poeta, y ponía en los cuernos de la luna los versos de su patrocinado, pero con
las frases más hiperbólicas e inverosímiles para que el buen entendedor tomara el rábano
por las hojas y no pasara del prólogo. La precaución del mal intencionado cuanto famoso poeta fue
inútil, porque ni un ejemplar de las Impresionesse pudo vender, y ni aun regaladas hubo quien las leyere.
Al cabo de otras dos tentativas, o mejor, delitos frustrados porque Estilicón puso de su parte todo lo posible,
se convenció de que así servía él para poeta como para capitán de cazadores.
Arrojó la lira y dejó la casa de huéspedes, que le costaba un ojo de lacara… de su padre.
V
Todo ha cambiado. Estilicón hace la vida de ágora;
come a salto de mata lo cual no es decir que come conejo, sino gato,duerme donde salta la liebre y aun la chinche,
esto es, donde menos se piensa, y trata de la cosa pública porque no tiene otra.
Además, Estilicón ha olvidado sus antiguos amores ideales y ha encontrado la décima musa en
una linda muchacha que habita un séptimo cielo, y es zurcidora sin conocerse, según reza la muestra
del portal. Sin embargo, no por haber abandonado la vida melancólica del soñador, del poeta íntimo,
le luce más el pelo a Estilicón; cierto que el subjetivismo exagerado es pernicioso a la larga, pero
el hambre es mucho más perniciosa y muya la corta. Estilicón ha vencido el subjetivismo enfermizo
y enclenque, pero el hambre es enemigo más poderoso. Estilicón piensa en el suicidio, que es el valor
de los cobardes, como dicen los optimistas; pero aquel día precisamente le regala su novia la pipa de espuma
de mar. Estilicón se enternece; la pipa le reconcilia con la existencia. "Me fumaré mis ilusiones,
que también son humo", exclama.
Y en vez de matarse, Estilicón se hizo periodista.
VI
Cuando Estilicón consiguió un lugar modestísimo
en la redacción del más modesto de los periódicos, se encontró con la cabeza cana.
En ocho días había gastado su juventud a fuerzade subir y bajar escaleras, de aguantar sofiones y
de abdicar creencias y principios. El periódico en que Estilicón pudo meter la pluma estaba subvencionado
por el gobierno. El director, que era muy animal, convenció en cuatro palabras al novel periodista de que
no estamos preparados para la libertad. Estilicón se vio convertido en conservador, precisamente cuando
estaba mejor preparado para la liquidación social. No tenía más que la pipa y unas tijeras,
porque sus en sueños se los había fumado.
Figurábase pocos días antes el inexperto publicista que en breve citarían su artículo
los caros colegas y que se harían grandes elogios de su bien cortada pluma. No tardó en convencerse
de que, a lo sumo, podría hablarse de sus bien afiladas tijeras.
Porque la pluma rara vez necesitaba emplearla Estilicón; encambio ponía en constante tributo las
glándulas salivales para humedecer las obleas con que pegaba sus recortes. ¡Recortar! Estilicón
se creyó más vil que el verdugo al verse manejando las descomunales tijeras. "Yo valgo mucho
menos que un sastre se decía; un sastre mete la tijera según arte, y hasta se comprende que puede
intervenir un atisbo del genio en el corte de unos pantalones. ¡Pero yo, fatal, ciegamente he de seguir el
patrón señalado por mano ajena!". Y era de ver a Estilicón recortando los interminables
párrafos de La Época, sudar gotas
como puños, y de cuando en cuando metiendo la tijera en el empalagoso texto, vengarse a su manera de la
suerte y de los conservadores. Y entonces recordaba que él había sido un Byron, un Heine, un Leopardi,
un Musset en sucesivos años de su corta existencia; recordaba que había tenido amores en la luna,
que había renegado de todas las literaturas clásicas y románticas para crear la poesía
del porvenir, y que al cabo, quantum mutatus abillo (bien que esto lo pensaba en español, porque latín
no lo sabía), que al cabo mirábase convertido en eco miserable de todas las habladurías periodísticas.
"Poetas hay que viven de recortes", exclamaba; pero a no ser por estos recortes, ¿quién
puede convertir en poema una Correspondencia de España…?
VII
Soñaba Estilicón. Pero ya no soñaba con Beatrices
ni Armidas. Soñaba que veía una inmensa fábrica de papel continuo; y por arte de encantamiento
aquella cinta interminable, acaso infinita, de papel blanquecino cubríase de caracteres borrosos y apiñados;
y oía una voz que le decía con imperio "Recorta, Estilicón".
Y recortaba, recortaba rechinando los dientes.
Y las tijeras decían ris ras, ris ras, lo cual significaba: "Toma literatura, Estilicón, toma
literatura".
VIII
Creyéndose envilecido, Estilicón dejó que
poco a poco su corazón se pervirtiera. La sociedad le parecía un odioso artificio monótono
como el ruido de las tijeras, y la naturaleza caprichosa, arbitraria como la sintaxis de Larra (hijo). Por un refinamiento
de maldad Estilicón prefería recortar las noticias de grandes catástrofes y de escandalosas
recepciones políticas.
Satisfacía también su malicia con todo lo monstruoso y descomunal. Si en el más remoto país
nacía un pobre sietemesino fenomenal recortaba la noticia con fruición el hombre de las tijeras y
achacaba al portentillo ocho o nueve cabezas más de las que en realidad tenía. "En Granada ha
dado a luz una joven cinco muchachos cada uno con un pan debajo del brazo". Esto leía Estilicón
y lo ponía en conocimiento de sus lectores mediante un recorte, pero añadía por debajo: "Adviértase
que la joven era soltera y ha reventado después del parto".
¡Qué placer el de Estilicón cuando recortaba un articulejo de La Época, en que se demostraba
que no había ni podía haber crisis pocas horas antes de caer el ministerio! En fin, lo absurdo, lo
monstruoso era para Estilicón lo selecto, lo clásico.
En esto había venido a parar aquel poeta infatigable que tenía escrita una oda de muchos kilómetros
a cada una de las infinitas estrellas que pueblan el espacio.
También las noticias de falsificaciones eran la comidilla de Estilicón. Encontraba un placer diabólico
al leer que se falsificaban títulos académicos, piedras preciosas, billetes del Banco, monedas, sellos,
Constituciones, dramas, hombres honrados y todo, en fin, lo que puede ser de buena ley. "Todo es falso",
llegó a pensar el pesimista, el poeta.
Y entonces le ocurrió pensar en su pipa. ¿Si la espuma de mar no sería espuma de mar? Recuerde
el lector que Estilicón sólo tenía fe en su pipa, era el hilo que le unía a la existencia.
Dudó y aquella duda fue una sentencia de muerte. Convencido por los peritos de que, en efecto, era su pipa
de una pasta embustera y vil exclamó Estilicón: "¡El cielo está desierto!",
sin saber que eso ya lo había dicho otro, y pensó en buscar una puerta para el otro mundo. El que
sienta que esto es inverosímil hágase periodista, fume en pipa, regalo de una novia, y si la pipa
y la novia salen falsas comprenderá la conducta de Estilicón. Además Estilicón no tenía
un real.
IX
Su primera intención fue matarse con las tijeras del oficio,
pero desechó este proyecto, no sé si por miedo o por vergüenza.
En una noche límpida, tranquila y de clarísima duda se dirigió Estilicón al viaducto
de la calle de Segovia. Midió el abismode una mirada y dijo con sangre fría: "¡Bah!, esto
es un plato pando comparado con el abismo de mi desesperación". El periodista se escuchaba a sí
mismo y la frase le pareció de perlas."Si no tuviera tanta prisa haría una paráfrasis
práctica de este pensamiento", añadió suspirando.
Estilicón, por instinto, se quitó el sombrero para no achucharlo con el golpe de la caída.
Esto lo comprenderá todo hombre que use sombrero de copa. Y bien sabe Dios que el de Estilicón no
era nuevo. En aquel momento se acercó a Estilicón un agente de orden público. "Caballero
le dijo con los mejores modos (que son demasiado buenos para un policía), no me gusta meterme donde no me
llaman; si usted está decidido a matarse yo no puedo impedirlo. Usted tendrá sus razones, pero yo
tengo las mías para suplicarle que se mate fuera de mi distrito. Conste que no mando, suplico". Estilicón,
enternecido, saludó al policía como a un señor, y se alejó de aquellos sitios. El agente,
agradecido, rezó un padrenuestro por su alma.
X
La hora del alba sería cuando Estilicón llegó
a la entrada del Retiro. Iba derecho al estanque de los perros, para concluir de una manera simbólica. Estilicón
no pensaba en la laguna Estigia, ni en el trifauce mastín, ni en la moneda del pasaje, porque nada de eso
sabía. Ya he dicho que no había estudiado humanidades. Pero de pronto una voz más aguardentosa
que la de Aqueronte le gritó desde una casilla: "Eh, caballero, no se puede pasar, es muy temprano".
Estilicón respondió con acento melancólico:
-Señor guarda, no tema usted y duerma en paz, no pienso llevarme nada, al contrario, vengo a dejarlo todo.
-Repito que no se puede pasar.
"Se prohíbe la entrada hasta que salga el sol".
"¡Hasta que salga el sol! -dijo llorando el periodista-, ¡yo he jurado no ver el sol del nuevo
día!".
Estilicón entraba en su casa, digámoslo así, cuando ya se vendía por las calles el
Diario de Avisos de las Familias, etcétera, etcétera. Estilicón compró el Diario y
subió a su zaquizamí. Cogió las tijeras y con febril orden fue recortando uno a uno todos
los sueltos y noticias. Estilicón juntó en un plato aquellos papelitos, aderezados con obleas… y
se los comió sin vacilar.
XI
Al hacerle la autopsia, yo estaba en el hospital y vi el cadáver
de Estilicón.
Pregunté al facultativo.
-¿Con qué se mató?
Y respondió el doctor:
-Con una disolución de solecismo.
Fuente: www.alcudiavirtual.ua.es