Robinson Crusoe
de Daniel Defoe (inglés)


Peor aún, tampoco tenía ningún arma para cazar o matar algún animal para mi sustento, ni para defenderme de cualquier criatura que quisiera matarme para el suyo. En suma, no tenía nada más que un cuchillo, una pipa y un poco de tabaco en una caja. Estas eran mis únicas provisiones y, ...

No tenía siquiera un cacharro para hervir nada, salvo una especie de puchero que había rescatado del barco y que era demasiado grande para el uso que quería darle, es decir, hacer caldo y cocer algún trozo de carne. Lo otro que necesitaba era una pipa para fumar pero era imposible hacer una, aunque, sin embargo, también encontré una forma.
...

A veces pensaba que habría dado parte de ella a cambio de unas buenas pipas para fumar tabaco o de un molino de mano para moler el grano...

Aparte de esto, llegué a dominar el arte de la alfarería y logré trabajar con un torno, lo que me pareció infinitamente más fácil y mejor, porque podía redondear y darles forma a los objetos que al principio eran ofensivos a la vista. Más, creo que nunca me sentí tan orgulloso de una obra, ni tan feliz por haberla realizado, que cuando descubrí el modo de hacer una pipa. A pesar de que, una vez terminada, era una pieza fea y tosca, hecha de barro rojo, como mis otros cacharros, era fuerte y sólida y pasaba bien el humo, lo que me proporcionó una gran satisfacción porque estaba acostumbrado a fumar. A bordo del barco había varias pipas pero, al principio, no les hice caso porque no sabía que encontraría tabaco en la isla pero, más tarde, cuando regresé por ellas, no pude encontrar ninguna.
...

Pero no estaba previsto de ese modo. Su destino, el mío o el de todos, lo impedía, pues hasta mi último año de permanencia en esta isla, ignoré si alguien se había salvado de aquel naufragio. Solo alcancé a ver, para mi desdicha, el cuerpo de un joven marinero que llegó al extremo de la isla más próximo al lugar del naufragio. Solo llevaba puestos una casaca marinera, un par de calzones de paño abiertos en las rodillas y una camisa de lienzo azul, pero nada que me permitiese adivinar de qué nación provenía. En sus bolsillos no había más que dos piezas de a ocho y una pipa. Esta última, para mí, valía diez veces más que el dinero.
...