Diálogo con la Señora Pipa
de Héctor Gómez.


- Buenas tardes... Señorita…...Señora... Pipa. Perdón, es que no sé en realidad si llamarle señora o señorita.
Pásale, por favor, eso no tiene tanta importancia. No es lo que me llames que me va a ser lo que soy. Sé lo que soy y he querido ser. Eso es lo importante, lo demás no importa.
- Te llamaré Señora.

Soy Señora.
- ¿Cuándo naciste?

Hace siglos, aunque con certeza nadie sabe cuando. No había entonces registro para pipas. Dicen que fue por siglo XVI, aunque mi metamorfosis fue lenta. Tomó tiempo. Lo bueno siempre toma tiempo.
- Te ves joven.

Soy joven, porque cuando se ama la vida y se sirve, siempre se es joven. Siéntate, y si quieres fumar, hazlo... pero solamente pipa.
- ¿Cigarrillos, no?

Bien, haz lo que quieras. Yo sólo te estaba deseando lo mejor. Siempre lo he hecho y me ha dado buen resultado.
- Es un hecho conocido que los que más te quieren, te aprecian y te valoran son los hombres.

Es cierto, por algo soy mujer. Con la liberación femenina hay mujeres que van descubriendo tantos gustos que se les había negado, como el fumar pipa. Es asombroso cómo han estado oprimidas por las estructuras y lo siguen estando a pesar de todo... En fin, paciencia.
- ¿Te gustaría, entonces, que la mujer fumase pipa?

... Si no fuera por un signo más de su liberación; además... ¡todo lo que descubrirían al hacerlo!
- ¿No crees que es un poco o muy ridículo una mujer fumando pipa?

Ustedes los hombres siempre quieren imponer sus gustos a la mujer. Siempre buscan que les agrade... de acuerdo a sus teorías.
- Insisto en que es ridículo.

Bien, no te voy a convencer. Es cosa de mujeres.
- Me decías que te sentías joven al servir a los demás. ¿En qué consiste ese servicio que parece ser lo esencial en tu vida?

Es un servicio de ayuda primordialmente. Ayudo a filosofar, a pensar, a meditar. Algo muy importante. Ayudar a las personas a que sepan pensar por sí mismas, que sean capaces de manejar sus conocimientos, establecer sus propios valores... no necesariamente los preestablecidos y sobretodo a tomar sus propias decisiones. La vida es un continuo toma de decisiones. Muchas son triviales, tras trascendentales. Saber manejar estas últimas es lo esencial.

Esto implica esfuerzo, disciplina. Por eso hay quienes ni me buscan ni se interesan en mí.

Paralelamente también ayudo a vivir la soledad, el silencio. Me considero una muy agradable y fiel compañera.
- Concluyo que te sientes feliz de ser pipa.

Cuando aceptas tu condición, siempre te sientes feliz de ser lo que eres, aunque el otro trate de cambiarla.
- Los que te tratan bien, ¿cómo contribuyen a tu felicidad?

De muchas maneras. Me cuidan mucho. Me consienten. Me limpian. Me tratan con cariño. Me presumen. Y cuando ya no me fuman, no me olvidan; un buen fumador de pipa nunca olvida su fiel compañera. Me conservan con delicadeza. Me ayudan a ser lo que soy, en una palabra.
- ¿Eres celosa?

¿De qué?
- Pues principalmente del cigarrillo, del puro.

Se puede ser celosa cuando hay razón de serlo. Yo no creo tener motivo para ello.
- ¿Porqué?

Mira, la pipa goza de muchas formas. Tu lo sabes. Soy recta, ovalada, perpendicular, baja, cónica, cuadrada, curva, etc. Para todos tengo la forma que más le guste y acomode.

Además, la madera de la que estoy hecha me da belleza, importancia, categoría y riqueza. Tu sabes que la madera es mi alma... y mira, que si hay hermosas maderas con bello veteado.
- Nada de eso tiene el cigarrillo ni el puro, claro.

Tú lo has dicho.
- A veces, ¿te sientes triste?

¡Cómo no voy a estarlo, cuando simplemente me usan!

Satisfecha su curiosidad me dejan abandonada. No tiene paciencia para apreciarme. Unos no saben encenderme y se desesperan porque no les conservo el tabaco encendido. Otros no me saben llenar... ni fumar... Aquellos al primer intento, claudican. Otros se cansan de llevarme consigo. Quieren todo sin esfuerzo, sin lucha, sin trabajo. Son unos comodinos. Me da tristeza porque no saben superarse, porque pronto se desaniman. Sólo me sabe fumar el que me valora.
- ¿Ejemplos? De los que te han apreciado, amado.

Hay muchos... unos muy conocidos, otros permanecen en el mundo del anonimato. Este mundo está lleno de personas sabias, buenas e inteligentes.

Recuerdo siempre con mucho cariño a Sir Walter Raleigh, a Juan Bart, al mariscal Blucher, a Max Plamack, Stalin, Gerard Ford, Dickens, Kipling... y muchos otros.
- Sherlock Holmes, ¿se te olvidaba?

¡Qué va!, es uno de los que mejor me han presumido y tratado.
- Tengo entendido que se han dicho de ti muchas frases célebres. "Fumar una pipa predispone a juzgar serenamente y con objetividad los actos humanos", por ejemplo.

Es una de ellas. La dijo Einstein.
- Por lo anterior concluyo que como Pipa ejerces mucho poder. ¿Cuál es tu opinión del poder?

Para mí el poder es “poder servir.”
- Lacónica tu respuesta

¿La entiendes?
- Sí

Es suficiente
- Insisto, dime más.

Sólo te diré esto: Estoy convencida de que la diferencia entre un jefe y un dirigente estriba en que el primero se vale de las facultades que derivan de la posición que ocupa (que le ha sido dada más no ganada) y de los recursos humanos y materiales que manipula a su antojo. El segundo, por el contrario, ante todo cree en los demás más que en sí mismo, procura que el otro crezca incluso más que él. Es humilde lejos de ser prepotente. Huye por sistema de halagos y nunca busca resaltar en detrimento de los demás. Es un hombre y no una bestia.
- Son fuertes tus palabras

La verdad por ser sincera es fuerte, si así le quieres llamar.
- Insisto, dime más

Referirme a los que no quieren servir es una estupidez. Te lo ruego, pasemos.
- ¿Eres libre?

Se es libre sólo cuando aceptas ser lo que eres. Lo soy porque siempre estoy dispuesta a ser lo que soy: ayudar a los demás. Estoy convencida de que para ser libre hay que comprometerse. El compromiso implica libertad en su mismo origen: es ésta la que convierte en don el compromiso.
- ¿Siempre has sido libre?

Nadie nace libre. La libertad es conquista. Mi libertad depende del que me hizo.
- ¿Amas?

Cuando puedo y me dejan servir, siempre amo porque me realizo y me ayudan a realizarme.
- Pero no siempre sucede esto.

Claro que no. Ya te lo dije. Pero ahí está precisamente lo interesante. Hay que amar con todos los riesgos, gozos y exigencias.
- ¿Qué cosa te gustaría más en la vida?

Muchas cosas. Algunas de ellas las puedes concluir fácilmente de todo lo que te he dicho. Pero te diré que me fascina el anciano que me ha sido fiel, el anciano que fuma su pipa en la soledad. En ese fumar, cuántos me han contado sus vidas, vidas muy interesantes. El humo no es más que el símbolo de la película de su existencia... sí el humo... es la vida de todos, se va, desaparece...
- Pero, no crees que es más que eso la vida... ¿un continuo desaparecer?

Me refiero a la vida auténtica, la que se ha vivido con amor, cuando termina tiende a subir, como el humo, a desaparecer hacia arriba... un holocausto, un don recibido que regresa como tal a su origen. Es cuanto se acerca el fin, se descubre la vida como un don, algo gratuito... y por eso me fascina el anciano con su pipa... echando humo... su vida que regresa allá de donde vino.
- ¡Es interesante considerar la vida de esa manera!

Gracias, muchos piensan todo lo contrario...que no vale nada. ¡Cuidado! ya se apagó tu pipa.
- Sí, es que no es fácil fumar pipa.
Lo bueno, lo interesante, lo hermoso, nunca ha sido fácil conseguirlo.
Me sentí incómodo, porque antes de entrevistar a una señora Pipa tenía conciencia de que al fumarla tenía que durar encendida al menos durante el tiempo de la entrevista. ¿Qué sentido tendría entrevistar a una señora Pipa sin fumar pipa?

Me sentí fracasado, apenado. Tratar de encenderla otra vez, me arriesgaba a que se me apagara de nuevo....Sí había que tomar riesgos, decisiones reales... Me puse a pensar cuántas veces había yo tomado verdaderos riesgos y verdaderas decisiones... libremente... sin presiones... yo sólo.

Empecé a convencerme de que muchas veces había sido esclavo de muchas estructuras... de no haber sido tan libre como siempre lo había pretendido ser. Me sentí humillado... y... todo porque se me apagó mi maldita pipa... perdón... mi querida pipa.

Esto lo pensé en un momento relámpago, como suelen pensarse estas cosas.

La Sra. Pipa guardó silencio.

Comprendí que era una de sus tácticas esenciales... siempre ha guardado silencio cuando el hombre piensa... así ayudaba, así amaba.

La miré con agradecimiento como un niño que reconoce su ignorancia, como un adulto que se hace niño y le dije tratando de hacerlo con una sonrisa.

- Adiós, Señora Pipa. Muchas gracias. Eso es todo.

¿Adiós?
- Sí, adiós.

No puedes decirme adiós... no ves que me llevas contigo... querrás decir adiós a ese interior que te molesta, que te cuestiona tu vida porque habla más fuerte que todas las huidas y mecanismos de defensa por los que hasta ahora has optado para esconder tu realidad. No me digas adiós... te arruinarás.
- Tienes razón.

Ya lo sabía.
- Tú sabes mucho.

Mi experiencia es larga y profunda.
- Bien, no tengo más que decirte.

Así es mejor. El silencio es signo de sabiduría, lo es también de enfrentamiento, de una derrota consigo mismo que habla más fuerte que todo y al mismo tiempo el principio del triunfo... callar para poder escucharse. Esto es lo que no hacen muchos. Temen escucharse... sinceramente.
- Me voy.

Me alegro.
- ¿Te alegras? ¿No te importa?

No, porque me voy contigo. Te ayudaré a conocerte más. Es difícil y muy duro a veces... pero ahí estaré... te acompañaré y te ayudaré a pensar.
Me extendió cortésmente su cazoleta para que la tomara. La estreché con emoción, suavemente. Sentí su fineza, su delicadeza. Sus vetas eran hermosas. Una bella cazoleta... la tenía en mis manos...echaba humo graciosamente y me decía tantas cosas... y me había dicho tantas cosas que no resistí más y las escribí...y seguí fumando mi pipa, mi adorada pipa, mi fiel compañera... que echaba humo... ¡ella y yo solos!


Fuente:
Club de la Efectividad - www.efectividad.net