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Pasajes de
El diablo en el campanario |
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Cada uno tiene una
pipa en la boca y un abultado reloj en la mano derecha. Una bocanada de humo, una mirada al reloj; una mirada al
reloj, una bocanada de humo. El cerdo, que es corpulento y perezoso, se entretiene unas veces en mordisquear las
hojas que han caído de las coles y otras en querer morderse el relojito dorado que aquellos pícaros
le han atado también al rabo, con objeto de embellecerle tanto como al gato. ... Toda diferencia consiste en que su pipa es un poco mayor que la de aquellos, y por tanto, puede lanzar más humo. ... La cola de su casaca es mucho mayor. Su pipa, las hebillas de sus zapatos, sus ojos y su estómago son mucho mayores que los de ningún otro viejo caballero de la aldea, y en cuanto a su papada, es no solamente doble, sino triple. ... |
- ¡Trece!- exclamaron todos los viejecillos, palideciendo y dejando caer las pipas de sus bocas, mientras
descabalgaban sus piernas derechas de sus rodillas izquierdas - ¡Trece!
...
- ¿Qué le ocurre a mi pipa? - juraron todos los viejecillos - ¡Rayos y truenos! Debe de estar
apagada desde hace una hora.
Y volvieron a cargar sus pipas con gran rabia. Se arrellanaron en sus sillones y aspiraron el humo con tal prisa
y ferocidad, que, inmediatamente quedó el valle velado por una nube impenetrable.
...