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Del libro: La sombra de la pipa |
| Cuando la noche se
abre a otra mayor, comienza el ritual. Con un fósforo enciendo el corazón de la pipa aspiro el humo: imagen sin cuerpo, vela abierta al cielo cerrado de los sueños. Todo lo que nombro no dice nada, todo lo que encuentro no está en ninguna parte, todo lo que se pierde es lo que queda. Recupero el antiguo oficio de la idolatría, tan fascinante como la mirada de una cascabel. Un fantasma danza en el aire y de un salto desaparece en otro cielo. Me quedo largo rato con los pies firmemente plantados en nada. Mis manos abiertas son un santuario con cenizas de rezos y olor a tabaco. Esa, es la felicidad. No nos engañemos, mira las cenizas en la pipa: ese es el destino del fuego. Pronto no estaremos. Sin avisarnos, el amor pasará y en su lugar quedarán sobre la mesa unas migas de pan y dos copas de vino con las marcas de los dedos, vacías. |
Con el fuego encendido en el hueco de la mano, paso entre las plantas del patio. La siesta me envuelve con su cálida blandura, el limonero vuela en el pájaro que lo deja, el perro persigue a su propio ladrido. Cada cosa está en otra. Esta ceremonia de fumar la pipa, mientras el humo vacía sus cenizas en el aire. Acepto la compañía de mi sombra y el silencio. Estar vivo, sencillamente. ¿Para qué hablar con palabras pesadas como anclas o pájaros embalsamados? ¿para qué pregustar si la luna de hoy será la misma de mañana? La más ligera sílaba no cambiará a la nube. Ni la trama del verso detendrá el viento. Ni la idea más pura calmará la sed. ¿Para qué insistir en encender la vida con los fósforos húmedos del pensamiento? Todo pasará: la pena de amor, la jarra de vino que bebimos anoche, el oscuro incienso del deseo, la línea de la vida de mi mano. Pasarán como el temblor de una sombra profunda. No guardaré nada para cuando no haya. |
Fuentes: www.editorialruedamares.com.ar - www.cba.gov.ar/imagenes/fotos/HernanJaeggi.doc