Del libro: La sombra de la pipa
de Hernán Jaeggi (argentino)


Cuando la noche se abre
a otra mayor,
comienza el ritual.
Con un fósforo
enciendo el corazón
de la pipa
aspiro el humo:
imagen sin cuerpo,
vela abierta
al cielo cerrado
de los sueños.

Todo lo que nombro
no dice nada,
todo lo que encuentro
no está en ninguna parte,
todo lo que se pierde
es lo que queda.

Recupero
el antiguo oficio
de la idolatría,
tan fascinante
como la mirada de una cascabel.
Un fantasma
danza en el aire
y de un salto
desaparece
en otro cielo.
Me quedo largo rato
con los pies
firmemente
plantados en nada.
Mis manos abiertas
son un santuario
con cenizas de rezos
y olor a tabaco.

Esa,
es la felicidad.

No nos engañemos,
mira las cenizas
en la pipa:
ese es el destino
del fuego.
Pronto no estaremos.

Sin avisarnos,
el amor pasará
y en su lugar
quedarán
sobre la mesa
unas migas de pan
y dos copas de vino
con las marcas de los dedos,
vacías.
Con el fuego encendido
en el hueco de la mano,
paso entre las plantas
del patio.
La siesta me envuelve
con su cálida blandura,
el limonero vuela
en el pájaro que lo deja,
el perro persigue
a su propio ladrido.

Cada cosa está en otra.

Esta ceremonia
de fumar la pipa,
mientras el humo
vacía sus cenizas
en el aire.

Acepto la compañía
de mi sombra y el silencio.

Estar vivo,
sencillamente.
¿Para qué hablar
con palabras pesadas como anclas
o pájaros embalsamados?
¿para qué pregustar
si la luna de hoy
será la misma de mañana?

La más ligera sílaba
no cambiará a la nube.
Ni la trama del verso
detendrá el viento.
Ni la idea más pura
calmará la sed.

¿Para qué insistir
en encender la vida
con los fósforos húmedos del pensamiento?


Todo pasará:
la pena de amor,
la jarra de vino
que bebimos anoche,
el oscuro incienso
del deseo,
la línea de la vida de mi mano.
Pasarán como el temblor
de una sombra profunda.

No guardaré nada
para cuando no haya.

Fuentes: www.editorialruedamares.com.ar - www.cba.gov.ar/imagenes/fotos/HernanJaeggi.doc