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Pasajes
de Para una tumba
sin nombre |
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Todos nosotros, los notables, los que tenemos derecho a jugar al
póker en el Club Progreso y a dibujar iniciales con entumecida vanidad al pie de las cuentas por copas o
comidas en el Plaza. Todos nosotros sabemos cómo es un entierro en Santa María. Algunos fuimos, en
su oportunidad, el mejor amigo de la familia; se nos ofreció el privilegio de ver la cosa desde un principio
y, además, el privilegio de iniciarla.
Es mejor, más armonioso, que la cosa empiece de noche, después y antes del sol. Fuimos a lo de Miramonte
o a lo de Grimm, "Cochería Suiza". A veces, hablo de los veteranos, podíamos optar; otras,
la elección se había decidido en rincones de la casa de duelo, por una razón, por diez o por
ninguna. Yo, cuando puedo, elijo a Grimm para las familias viejas. Se sienten más cómodas con la
brutalidad o indiferencia de Grimm, que insiste en hacer personalmente todo lo indispensable y lo que inventa por
capricho. Prefieren al viejo por motivos raciales, esto puede verlo cualquiera; pero yo he visto además
que agradecen su falta de hipocresía, el alivio que les proporciona enfrentando a la muerte como un negocio,
considerando al cadáver como un simple bulto transportable.
...
Sonrió y estuvo mirándome, un poco alegre, un poco desconfiado. Sacó la pipa del bolsillo
trasero del pantalón.
...
Mientras cargaba la pipa me sugirió dos puntos para fijar mi
atención.
...
-Véame. Tirado en la cama, con esta misma pipa apoyada en el mentón, compartiendo silencioso un secreto,
un deseo, con mi imbécil amigo del alma.
...
(Estaba en mangas de la popular camisa escocesa mordisqueando la pipa, exhibiendo en un esperanzado simulacro de
sonrisa los dientes blancos y agudos. Exigiendo mi condenación. Tal vez le hubiera hecho bien pero no quise
dársela ).
...
Volvió a sonreírme y yo no comprendía. Se puso a limpiar la pipa para darme a entender que
había concluido un capítulo. "Es un mal narrador", pensé con poca pena.
...
Pero podemos tomar otro vaso y esperar; ya sé que cada limpieza de pipa señala el final de un capítulo.
...
Sopló en la pipa y la guardó en la cadera. -Un trago y me voy -dijo mirando la noche por encima de
mi hombro.
...
No volví a hablar con Jorge aquel verano; no quería acercarse; me saludaba de lejos alzando la pipa,
exagerando la alegría de verme.
...
Más grande pero no más gordo, hablando con la enfermera de la mesa de entradas, sonriendo mientras
mordía la pipa apagada; esa sonrisa juvenil feroz, mientras el miedo a la vida y la voracidad ocupan sin
remedio los ojos.
...
Después, midiéndome, se puso a cargar la pipa. Estaba eligiendo el camino más fácil
o el más corto.
...
Cuando terminó de leer limpió la pipa y volvió a llenarla; sin mirarme, pensativo y calculando
con rapidez, como si yo no estuviera allí, pero me encontrara a punto de irrumpir.
...
-Bueno -dijo sonriendo; el pelo rubio oscuro le tocaba la sien; chupaba velozmente, sin convicción, la pipa
mal encendida.
...
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