El Rastro (pasaje)
de Ramón Gómez de la Serna (español)


Pipas tendidas como gatos, acostadas de lado
con una simpática comodidad... A veces metidas
en su estuche como echadas en un almohadón de
terciopelo, soñando en sus atracones y sus humos,
continuándoles imaginariamente... Encocora el es-
pectáculo de las pipas, porque si fueron de un
muerto debieron enterrarlas con él, á sus pies, como
en las estatuas yacentes de los grandes señores
figura á los pies de ellas su perro fiel, y si fueron
de un vivo debieron enterrarle por ingrato á los
pies de su pipa... Muchas de esas pipas usadas son
de espuma de mar culotada, revelando con su cu-
lotamiento el trato entrañable, consanguíneo, con-
movedor, trato como el que Dios tuvo con la estatua
de barro de que salió el hombre, trato sutil, soplo
fino de su dueño tan celoso, tan constante, tan so-
plón.,. Son toda una vida... Están siempre al lado
de unas gafas y por eso quizás nos han parecido
siempre pipas de viejo, ese viejo dramático al que
queda una ardiente pincelada de pelo rubio en el
bigote y que fuma presumidamente en estas pipas
de espuma que tienen esculpida una cabeza de mu-
jer ó una bellota ó un perro ó un cerdo... ¡Pipas!...
Para el que fuma en pipa — aunque ésta sea una
pipa menos industriosa y menos maniática — ,las
pipas aquí le producen una melancolía honda, in-
grata, espiritada, inflexible, de un aire colado,
casi mortífero.