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Pasajes de
La isla del tesoro |
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El doctor Livesey había llegado al atardecer para visitar a
mi padre, y, después de tomar un refrigerio que le ofreció mi padre, pasó a la sala a fumar
una pipa mientras aguardaba a que trajesen su caballo desde el caserío, pues en la vieja "Benbow"
no teníamos establo. ... Todas las voces se detuvieron, menos la del doctor Livesey, que continuó hablando sin inmutarse con su voz clara y de amable tono, mientras daba de vez en cuando largas chupadas a su pipa. ... Un criado nos condujo por una galería alfombrada hasta un amplio salón cuyas paredes estaban todas cubiertas por estanterías con libros rematadas por esculturas. Allí se encontraban el squire y el doctor Livesey, sentados ante un maravilloso fuego de chimenea y fumando sus pipas. ... |
Cuando supieron cómo mi madre se había atrevido a
regresar a la hostería, el doctor Livesey no pudo reprimir una exclamación:
-¡Bravo! -dijo con un gesto tan impulsivo, que quebró su larga pipa contra la parrilla de la chimenea.
...
Mientras buscaba un pretexto para dirigirme a ellos, el doctor
me indicó que me acercara. Se había olvidado su pipa en el camarote y, como no podía vivir
sin fumar, me rogó que se la trajese; en cuanto me acerqué a ellos lo justo para poder hablarles
sin que los demás me oyeran, le dije al doctor:
-Tengo que hablaros. Haced que el capitán y el squire bajen al camarote y hacedme ir con cualquier ex-cusa.
Sé cosas terribles.
...
Mientras buscaba un pretexto para dirigirme a ellos, el doctor me indicó que me acercara. Se había
olvidado su pipa en el camarote y, como no podía vivir sin fumar, me rogó que se la trajese; en cuanto
me acerqué a ellos lo justo para poder hablarles sin que los demás me oyeran, le dije al doctor:
-Tengo que hablaros. Haced que el capitán y el squire bajen al camarote y hacedme ir con cualquier ex-cusa.
Sé cosas terribles.
...
-Es suficiente -dijo-. No soy quien para considerar lo que un caballero pueda tener o no por juego limpio, según
cada caso. ¿Puedo, ya que usted lo hace, cargar yo otra pipa?
Y llenó su pipa y la encendió. Los dos hombres siguieron sentados y fumando durante un largo rato,
mi-rándose en silencio, retacando sus pipas, escupiendo y volviendo a fumar, como en la más gustosa
de las comedias.
...
El capitán Smollett se levantó y golpeó la pipa con la palma de su mano para sacar las últimas
brasas.
...
Gray y yo estábamos sentados en una esquina del fortín, lo suficientemente alejados para no escuchar,
por discreción, las deliberaciones de nuestros jefes. Al ver al doctor alejarse, Gray, que estaba fumando,
dejó caer su pipa asombrado:
-¡Por Davy Jones! ¿Qué sucede? -exclamó-. ¡Se ha vuelto loco el doctor Livesey!
...
Uno de los libros de medicina del doctor estaba abierto sobre la mesa y la mitad de sus páginas habían
sido arrancadas, imagino que para encender sus pipas. Y en medio de aquella visión, una lámpara,
todavía en-cendida, iluminaba con una luz humosa, débil y sombría.
...
Y diciendo esto se sentó en el tonel de aguardiente y empezó a cargar su pipa.
-¡Acércame una tea encendida, Dick! -llamó, y cuando la pipa ya tiraba-. Está muy bien
muchacho -añadió-; tira la tea por ahí. Vosotros, caballeretes, volved a dormir; no es preciso
que sigáis aquí contem-plando al señor Hawkins; seguro que él os disculpará.
Así pues, Jim -prosiguió retacando su pipa-, has vuelto, ¡qué sorpresa tan agradable
para el pobre y viejo John!
...
-¿Alguno de vosotros, caballeros, quiere salir a vérselas conmigo? -rugió Silver, levantándose
del barril y echándose atrás, pero sin soltar la pipa que aún humeaba en su mano derecha-.
Quiero escuchar lo que ten-gáis que decirme, ¿o sois mudos?
...
Silver se apoyó también en la pared, junto a mí, con los brazos cruzados y la pipa en la comisura
de sus labios, y tan tranquilo como si estuviera en una iglesia; sin embargo, sus ojillos furtivos se movían
sin cesar vigilando a sus levantiscos camaradas.
...
No tardarás en hacerte capitán, y no me extrañaría. ¿Quieres darme una tea encendida?
Esta pipa no tira bien.
...