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De
El cantar de los abuelos (cuento) |
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El abuelo le brindó una sonrisa al gesto y en su mano apareció una pipa. Comenzó a cargarla, suave, desmenuzando las hebras de tabaco. Le habían prohibido fumar mucho antes de que nosotros naciéramos y hasta ese domingo sus pipas sólo habían sido un grato recuerdo del abuelo joven. Cada una tenía su historia, pero todas estaban condenadas a decorar un rígido portapipas: colgadas para siempre. El abuelo había elegido la negra, la que más quería, y le estaba devolviendo la vida. La puso entre sus labios, encendió un fósforo, y dejó que el humo escapara lentamente. Detrás del humo vinieron las palabras. |
Escritor argentino, Premio Planeta 1995.
Se pueden leer este y otros cuentos completos del autor en: http://elbroli.free.fr